Hoy, cuando nos olvidamos las gafas y tenemos algo que leer, cuando parece que no alcanzamos a interpretarlas las letras, si tenemos algún defecto en la refracción, son muy pocos los que acuden al oftalmólogo o piden consejo a su médico sobre lo que tienen y deben hacer. Sin más, nos dirigimos al establecimiento más próximo sea este una gasolinera, una tienda de golosinas o una papelería donde encontramos un muestrario con distintos tipos de gafas, con distintas graduaciones.
La elección de las gafas de sol no debe ser nunca caprichosa, de esta elección depende en gran medida el cuidado de nuestros ojos y el grado de satisfacción con ellas. Según la actividad que realicemos, el defecto refractivo que tengamos o las condiciones climáticas, debemos seleccionar un tipo u otro de gafas, para su elección nuestro mejor aliado será el óptico.
Recurrir a un profesional para elegir las gafas de sol nos ayudara en la elección evitando que nos equivoquemos, ya que cada persona tiene una sensibilidad a la luz y diferentes necesidades. De igual manera todos sabemos la importancia de los filtros solares, pero también aquí, el óptico-optometrista, nos aconsejara el más apto en función de nuestras necesidades.
Hasta hace relativamente poco tiempo el único método para corregir los defectos en la visión eran las gafas o las lentes de contacto, solo en casos extremos se recurría a la cirugía, con resultados no del todo previsibles, consistente en hacer una serie de cortes radiales a la cornea que lograban algún grado de corrección. La medicina y más concretamente la oftalmología se ha preocupado desde entonces en corregir estos defectos refractivos, pues así se llama lo que nosotros denominamos miopía, hipermetropía, astigmatismo o presbicia.
Tras 10 años de lucha el Consejo Andaluz de Colegios de Médicos gana el recurso que interpuso ante el Tribunal Superior de Justicia, con sede en Granada, por el acuerdo alcanzado entre la Consejería de Salud de Andalucía, el Servicio Andaluz de Salud (SAS) y la delegación regional de Andalucía del Colegio Nacional de Ópticos-Optometristas, en marzo de 1999.
Dicho convenio facultaba a los ópticos para desarrollar las siguientes funciones
Cuando hablamos del verano y del sol rápidamente pensamos en las cremas de protección solar como el elemento esencial para afrontar con garantías la exposición solar. Esto quiere decir que desde el punto de vista preventivo las distintas acciones que hemos ido realizando empiezan a dar sus frutos. Nos hemos concienciado y queremos disfrutar del sol sin tener que arrepentirnos más tarde, ya sea a corto plazo por las temibles quemaduras, como a la larga por envejecimiento o el temido cáncer.
Ahora la pregunta que debemos hacernos es otra, ¿debemos tener algún tipo de precaución? ¿debemos proteger algo mas que nuestra piel?. Y la respuesta no puede hacerse espera, ante la exposición solar debemos proteger nuestros ojos, de manera especial frente a los rayos nocivos del sol.
La población española mayor de 40 años que tiene miedo a quedarse ciega es más del doble que la que tiene miedo a una muerte prematura y un tercio más que los que tienen miedo a las enfermedades cardiacas. Sin embargo, solo 3 de cada 10 personas han visitado a un oftalmólogo en el último año y el 30 por ciento de aquellos que presentan problemas oculares no se ha realizado una exploración ocular en dos años.
El glaucoma se ha convertido en la segunda causa de ceguera en el mundo occidental. Puede afectar a personas de cualquier edad (aunque, sobretodo, a las que tienen entre 50 y 70 años) y sexo. El problema es que muchos no saben qué es exactamente ni el riesgo que tienen de padecerla.
Se trata de una enfermedad ocular crónica en la que se produce una pérdida de vista de carácter irreversible ya que daña el nervio óptico, estructura que transmite las señales visuales al cerebro para que se produzca el fenómeno de la visión. Al principio se pierde la visión de los laterales y, con el tiempo, se asemeja a la imagen obtenida al mirar a través de un túnel, llegando incluso a perder la vista por completo.
No obstante, un diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado y continuado se convierten en las mejores armas para luchar contra esta patología que afecta a cerca de un millón de personas (un dos por ciento de la población en general) en toda España.