Aunque intentan hacernos creer que este tipo de frases se circunscriben a determinadas épocas del año, verano, tras las fiestas, no es así. Esta reflexión la podemos oír a lo largo de todo el año y debemos saber que detrás de ella se esconde una persona, que por distintas circunstancias, incluso sin la necesidad padecer obesidad o sobrepeso, espera conseguir, sin esfuerzo y de manera rápida, una reducción de su peso corporal y la imagen ideal. Eso si, sin la necesaria reflexión, ni la ayuda profesional adecuada.
Debemos empezar por dejar claro que si alguien padece de obesidad, debe seguir un régimen adecuado a su constitución y hábitos alimenticios, e instaurada y supervisada por un médico. El resto es poner en riesgo nuestra salud y originar desórdenes en nuestro organismo, ya que tan malo resulta para nuestra salud la obesidad, como una dieta inadecuada.
Los inconvenientes de la comida rápida no se reducen únicamente al mero balance nutricional de los ingredientes que llevan, sino que alcanzan a la propia costumbre de comer en poco tiempo. Se ha constatado que en aquellas ocasiones en las que un individuo come de manera acelerada, los mecanismos biológicos que indican al cerebro la sensación de saciedad no se activan a tiempo, lo que se traduce en que la persona acaba ingiriendo mucha más cantidad de alimento y, consecuentemente, de calorías. Por lo que si se practica de forma más o menos habitual, puede tener unas consecuencias directas en un mayor sobrepeso o, incluso, obesidad.
Por ello es muy importante una vuelta a una comida en familia, reposada y tranquila, en la que los mecanismos de saciedad se activen de forma natural y se eviten atracones la ingestión excesivas de alimentos, de forma habitual.
El primer paso para adelgazar debe ser al hacer 5 comidas diarias dedicándoles el tiempo necesario, y masticando cada bocado, no permitiendo que el tiempo nos atropelle y traguemos los alimentos sin masticar.