Hablamos de alergia cuando se produce una reacción exagerada y de rechazo a una sustancia o partícula con la que contactamos a través de la piel, inhalada o tras ingerirla. La presencia de esta sustancia en nuestro organismo provoca una reacción de hipersensibilidad que origina una serie de síntomas característicos.
El tipo de sustancias al que somos alérgicos se denominan alérgenos, y pueden ser de diverso origen, el polvo, el polen, determinados productos químicos. Pero en un importante número de casos se produce por el contacto con los animales, si bien se pensó en un momento que solo se refería a los animales con pelo como gatos o perros, con el tiempo se vio que también aparecían incluso con reptiles. Esto es debido a que la causa real de la alergia son las proteínas que se desprenden del animal al ambiente.
Nuestro entorno ha cambiado. Por un lado, el cambio climático ha provocado que las temperaturas de determinadas zonas del planeta varien de forma radical, lo que ha originado que se modifique el tiempo de polinización. Por el otro, año tras año, las ciudades presentan un ambiente contaminado donde la polución excesiva ofrece ambientes cada vez más insalubres. Por último, los hábitos higiénicos son mejores y, pese a lo que se pueda pensar, la falta de bacterías y microbios hace que haya más riesgos de padecer una alergia.
Según el doctor Tomás Chivato, presidente de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) “tenemos que cambiar las formas de vida porque estamos cambiando la calidad del aire y ocasionando que aparezcan nuevos pólenes que antes no existían”. Además, como añade la doctora Victoria Cardona, miembro del Comité Científico del Congreso y responsable de la Sección de Alergología del Hospital Vall Hebrón de Barcelona, debido a todo ello “las alergias pueden aparecer a cualquier edad, hasta a partir de los 40 o 50 años, cosa que hace un tiempo era casi impensable”.